Queridos colegas y amigos, señoras y señores:

Doy muchas gracias a los promotores de la CASA DE ESPAÑA EN TAIWÁN por designarnos hoy al Padre Díaz de Rábago y a mí como españoles veteranos y maduros en años, residentes en la ciudad de Taipéi.

El Padre Rábago, mi mayor en edad, dignidad y gobierno, es hombre que se desvive para los demás, y buen compañero mío durante muchísimos años en Pekín y en Shanghái, en las Islas Filipinas y en esta gran Taipéi. Respecto a mi persona, les digo sencillamente que soy un trabajador; me explico: De pequeño, mis padres me inculcaron que “el hombre ha nacido para trabajar como el ave para volar”.

Al comienzo de la Biblia leemos que Dios colocó a Adán en el paraíso “para que lo trabajara y lo custodiara”. Y la Compañía de Jesús nos ha inculcado que debemos ser “contemplativos en la acción”, es decir, trabajando reflexivamente y con pureza de intención, para sacar algún provecho propio y para los demás.

Ahora bien, desde que en 1975 el Ministerio de Educación de la República de China me concedió el puesto académico de profesor a plena dedicación, me di cuenta de que era para investigación la cantidad mayor del sueldo mensual que me entregaba la Universidad Nacional Taiwán. Como único profesor entonces de las clases de Lengua y Literatura españolas, no me bastaba ya el preparar las lecciones al nivel de los alumnos y el explicárselas durante nueve horas por semana, sino que, como mi principal labor, tenía que investigar y escribir, para publicar cada año algo nuevo.

Por todo ello, al cabo ya de mi larga vida, he de repetir la frase evangélica.

Soy sólo un trabajador. He procurado hacer lo que tenía que hacer.

Muchas gracias a todos.

Fernando Mateos, S. J.

Sábado, nueve de mayo, año 2009

Universidad Católica Fujen